Local, nube o mixto
Las tres opciones son buenas en el sitio correcto. Lo que decide no es la tendencia, sino la línea que entra por la pared.
Servidor local. Cuando hay muchos datos, cuando la conexión no es fiable o cuando el trabajo diario no puede depender de que haya internet. Los ficheros están donde trabaja la gente y las velocidades son las de la red interna, no las de la línea.
Nube. Cuando el equipo está repartido, cuando la propiedad se usa por temporadas o cuando nadie quiere ocuparse de un aparato físico. Requiere una línea que aguante, y en parte de la isla eso no se puede dar por hecho.
Mixto. Lo más frecuente en la práctica: los datos que se usan a diario en local, la copia y el correo fuera. Así se trabaja aunque la línea caiga, y no se pierde nada aunque el edificio arda.
Almacenamiento que no se llena por sorpresa
Un almacenamiento bien dimensionado se planifica para tres o cuatro años, no para el día de la instalación. Trabajamos con discos en redundancia — si uno falla, se sustituye sin parar nada — y con supervisión que avisa cuando queda espacio para pocos meses, no cuando ya no cabe nada.
Para vídeo de cámaras hace falta un cálculo aparte: la grabación continua de varias cámaras llena más rápido de lo que casi nadie espera, y el número de días que se conservan es una decisión con implicaciones legales, no solo técnicas.
Virtualización
Varios servidores lógicos sobre una sola máquina física. La ventaja no es ahorrar hierro: es que un sistema se puede duplicar, probar una actualización en la copia y volver atrás en minutos si algo no funciona. Sin eso, cada actualización es una apuesta.
Migraciones
Casi nunca partimos de cero. Lo habitual es un servidor que ya está y que se ha quedado corto, o un fabricante que deja de dar soporte. Antes de tocar nada revisamos qué hay, qué se puede aprovechar y qué conviene sustituir — con motivos concretos, no por norma.
La migración se planifica para que el corte sea el mínimo posible, normalmente fuera del horario de trabajo, y siempre con una vía de vuelta si algo no encaja. Nunca se apaga lo viejo hasta que lo nuevo funciona.
Cómo trabajamos
1. Visita y medición. Qué hay instalado, qué línea entra, cuántas personas trabajan con ello, cuántos datos se mueven al día.
2. Propuesta con cifras. Una lista de material, un plano de cómo queda y un precio. Y qué añadirían las fases dos y tres.
3. Instalación y migración. Con documentación al terminar: qué hay, dónde está, con qué accesos.
4. Mantenimiento. Actualizaciones, supervisión y copias comprobadas. Un servidor sin cuidado se convierte en el problema que vino a resolver.
Qué cuesta
Depende del volumen de datos, del número de personas que trabajan con ellos y de si hace falta que siga funcionando cuando algo se rompe. Esa última condición es la que más mueve el precio, y por eso preguntamos antes de calcular.
El asesoramiento y la propuesta no le cuestan nada. Solo se factura el desplazamiento, y le descontamos la mitad si después nos adjudica el trabajo.
FAQ
¿Servidor propio o todo en la nube?
Depende de la conexión del sitio, no de la moda. En una finca con una línea débil, mover todo a la nube significa que nadie trabaja el día que la línea falla. En una oficina de Palma con fibra, un servidor propio a veces sobra. Lo miramos antes de recomendar.
¿Pueden migrar el servidor que ya tenemos?
Sí. Antes revisamos qué hay, qué se puede aprovechar y qué conviene sustituir. La migración se planifica para que el corte sea el mínimo posible y siempre con una vía de vuelta si algo no encaja.
¿Qué pasa si se estropea el hardware?
Por eso el almacenamiento va con redundancia y la copia de seguridad se guarda también fuera del edificio. Un disco que falla es una molestia; un disco que falla sin copia es una empresa parada.
¿Hace falta una sala técnica?
Un armario bien ventilado y con corriente estabilizada suele bastar. Lo que no funciona es el trastero sin ventilación: en verano, en Mallorca, ese es el motivo más frecuente de una avería que parecía inexplicable.
¿Se puede trabajar desde fuera de la isla?
Sí, con acceso remoto cifrado. Es lo habitual en propiedades que se usan por temporadas y en empresas cuya dirección no está siempre aquí.
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